Vera Howlin

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Preparando el Instrumento

Supongamos que vamos a la casa de alguien que tiene en su living un gran piano viejo. Le faltan cuerdas, algún martillo, hace años que no lo afinan. Tal vez nos den ganas de jugar un rato golpeando teclas, pero a nadie se le ocurriría hacer música con eso. Y si quisiéramos arreglarlo, tendríamos que llamar a un especialista para que lo deje como nuevo. Sin embargo, en las clases, cuando le pregunto a un alumno:

– Fijate cómo estás ¿Cómo es tu postura? ¿Dónde está ubicada tu cabeza? –

se hace un silencio sepulcral y se me queda mirando como si me hubiera vuelto loca. A ver, para poder hacer música necesitamos un instrumento y, como cantantes, ese instrumento es nuestro propio cuerpo. TODO nuestro cuerpo, no sólo la garganta ¿Por qué?

1) Porque todos los movimientos que hacemos (incluso los que hacemos al cantar, respirar o articular palabras) requieren de músculos que trabajen.

2) Porque los músculos no están aislados en nuestro cuerpo, sino que forman cadenas musculares, que pueden ser más cortas o más largas y conectar -directa o indirectamente- zonas del cuerpo bastante alejadas entre sí. Por lo tanto un desequilibrio en una parte puede afectar al resto.

3) Porque para que los músculos puedan trabajar con el mínimo de esfuerzo y el máximo de eficacia, necesitan que haya coordinación y equilibrio en todo el sistema. Así el gasto de energía utilizado en la acción es poco y el rendimiento es óptimo.

La postura (o sea, la forma en que colocamos el cuerpo en el espacio) debe seguir ciertas reglas mecánicas. La buena postura asegura la distribución del peso del cuerpo de manera homogénea, lo que facilita el trabajo de los músculos para sostenerlo. Está asociada a la sensación de bienestar. La mala postura genera desequilibrios (algunos músculos quedan acortados mientras otros quedan hiperextendidos, unos quedan demasiado tensos y otros demasiado laxos, los huesos van desviándose de su posición anatómica), lo que provoca contracturas, molestias articulares y dolores.
Una mala postura puede desencadenarse por diversos motivos:

– Características genéticas.
– Fatiga muscular.
– Para evitar el dolor que produce alguna lesión o contractura.
– El estado psíquico, el estrés.
– Por un entorno inadecuado que obliga a forzar o modificar la postura correcta (por
ejemplo: dónde tenemos el mouse de la computadora, cuántas almohadas usamos
para dormir, la posición de sillas, sillones, aparato de tv, etc, etc, etc)

Actualmente existen muchas técnicas que trabajan sobre la organización corporal para mejorar la postura y el movimiento. Para nombrar algunas: Feldenkrais, RPG, Yoga, Técnica Alexander, Eutonía, Esferodinamia. Además hay muchos docentes de otras disciplinas corporales o deportivas (danza, expresión corporal, artes marciales, acrobacia, gimnasia artística) que trabajan el aspecto físico desde los mismos conceptos. Soy absolutamente partidaria de realizar alguna actividad física para complementar el canto. En realidad creo que es importantísimo para el bienestar general, y es imprescindible para el que inicia este camino con algún atisbo de profesionalidad.
Pero más allá de anotarse en algún curso, recomiendo hacer ejercicios en casa, y sobretodo empezar a corregir los malos hábitos de la vida cotidiana.

Para organizar la postura, es fundamental poder percibir en el propio cuerpo las acumulaciones de tensión y aprender a relajar las zonas que suelen trabajar con exceso de tono. Los ejercicios de relajación nos ayudan a ir encontrando una postura correcta, en la medida que los músculos aflojan su tensión y dejan de traccionar a los huesos. Tengo una alumna que trabaja en un banco y dos veces por día se encierra en el baño para hacer ejercicios de estiramiento. Genia!

También es importante aprender a realizar movimientos diferenciados. O sea, que si tengo que ejecutar una acción no esté toda la musculatura trabajando junta, si no sólo la que es específica para la función. En general, pareciera que la cintura, el cuello y los hombros intervinieran siempre. Pobres! Para hacer movimientos diferenciados tenemos que identificar la zona que queremos mover y ajustar el tono necesario para la acción. Una tensión excesiva hará que se muevan también otras partes del cuerpo. La disociación supone desarrollar la capacidad muscular y mental de activar ciertas zonas e inhibir otras. Eso! No olvidemos al sistema nervioso que es, en realidad, el que organiza todo. Las modificaciones que para ajustar un movimiento se realizan en el sistema nervioso, no en el músculo. Esto quiere decir que hay que aprender a inhibir a las neuronas que deben quedar inactivas (ya veremos esto cuando hablemos de esquema corporal y propiocepción).

La disociación favorece el ahorro de energía y evita la fatiga. Además se gana en precisión, armonía y calidad. Esto último aplicado al canto es como la gloria.

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