Vera Howlin

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La importancia del tono

Ya que estamos con el tema de la postura y el equilibrio corporal, es el momento para hablar del tono. Se llama tono muscular a la actividad que tiene la fibra muscular en estado de reposo. O sea, la musculatura todo el tiempo tiene un cierto grado de tensión (contracción mínima), sino andaríamos como derretidos. Esta tensión es variable para cada músculo en cada momento. Además cada persona tiene una organización particular de su tonicidad, algunas son demasiado rígidas y otras demasiado blandas o laxas. Esta característica se suele relacionar con la personalidad y el carácter. Es decir, que muchas veces podemos empezar educando el cuerpo para ser, luego, personas más flexibles o más enérgicas, por ejemplo.

Para ejecutar cualquier movimiento hace falta que algunos músculos se activen (aumenten su tensión) y otros se inhiban. Este control lo lleva a cabo el sistema nervioso, que puede aprender a ajustar el tono necesario para una acción concreta, para que cada vez seamos más precisos y económicos en nuestro accionar. El Método Feldenkrais se apoya en esta posibilidad del cerebro de aprender a realizar acciones eficaces con el mínimo esfuerzo.
Cuando hay exceso de tono, los músculos están acortados. El movimiento no fluye, parece hacerse contra una gran resistencia, suele ser brusco y está bastante limitado. El cuerpo se mueve como si fuera un bloque, sin segmentos.
Cuando falta tono los músculos no tienen elasticidad, están alargados, sin posibilidad de contracción. No hay fuerza para la acción. En general la gente hipotónica parece desganada y falta de estímulo.

El tono ideal es capaz de adaptarse a las necesidades de cada momento. Mantiene lubricadas las articulaciones y elásticos los músculos. Da fluidez, precisión y coordinación a la acción (le suma calidad). Además nos aporta sensaciones propioceptivas que influyen directamente en la construcción de nuestro esquema corporal. Ya hablaremos de estos temas en otra nota.

En general, los movimientos se llevan a cabo gracias al trabajo conjunto de dos pares de músculos: los agonistas (son los que se contraen para producir un movimiento) y los antagonistas (los que se oponen a esa contracción). También están los sinergistas que colaboran en la acción sin ser los motores principales (por ejemplo fijando o estabilizando un hueso para que el agonista tenga una base firme sobre la que ejercer tracción) Entre ambos tiene que haber un equilibrio de fuerzas. El antagonista debe poder estirarse hasta donde el agonista necesita para contraerse, y generar resistencia para que el agonista no se acorte más de lo conveniente.

Los desequilibrios musculares aparecen cuando algunos músculos quedan demasiado acortados, sin posibilidad de estirarse y los otros demasiado alargados, sin posibilidad de acortarse. Hay un desequilibrio también del tono (unos quedan demasiado tensos y otros demasiado laxos) y de la posición de los huesos. Para lograr precisión y armonía en los movimientos se necesita un perfecto sinergismo entre agonistas y antagonistas.

Todos los músculos son elásticos, es decir que pueden modificar su forma y volver a recuperarla luego. Sin embargo una fuerza que actúe constantemente sobre ellos puede deformarlos, ya sea acortándolos o estirándolos. De hecho si un músculo agonista se acorta es probable que su antagonista esté demasiado estirado. Para mantener esa elasticidad hay que trabajarlos en ambos sentidos: si un músculo está acortado hay que favorecer su estiramiento y viceversa.

Todo movimiento consta de una fase de tensión (que mueve el segmento del cuerpo correspondiente, es una fase de trabajo, se gasta energía) y una fase de distensión (donde todo vuelve a su lugar, es una fase de descanso). Estas fases deben alternarse y sobre todo es importante el momento de distensión para que el músculo pueda recuperarse.
Para cantar también necesito ajustar el tono de los músculos intervinientes (sean de la faringe, laringe, lengua, mandíbula, etc). Gran parte del trabajo que hacemos en clase trata de identificar puntos de tensión y encontrar ejercicios que nos sirvan para relajar, soltar, estirar, abrir, es decir poner al instrumento a funcionar armoniosamente. Muchas veces ni siquiera registramos la tensión acumulada en ciertos músculos o no podemos identificar qué tipo de movimiento está sucediendo en alguna parte de nuestro cuerpo. Al ser zonas que nunca vemos ni tocamos se hace difícil tener sensaciones claras, por eso trabajamos mucho sobre la propiocepción: sentir al cuerpo.

A través de ella podemos saber si estamos quietos o en movimiento y conocer la posición de las diversas partes del cuerpo. La propiocepción se puede desarrollar. Supongamos que estamos echados mirando una película. No necesitamos tocarnos una pierna para saber si está flexionada, extendida, cerca o lejos del cuerpo, rotada hacia afuera o hacia adentro. Bueno, para cantar podemos aprender a percibir dónde se encuentra nuestra laringe, cómo se mueve la lengua, qué grado de tensión tiene el velo del paladar, etc, etc, etc.

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